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PEÑAS ARRIBA. JOSÉ MARÍA DE PEREDA.

PEÑAS ARRIBA . JOSÉ MARÍA DE PEREDA

 

Tenía una lectura pendiente y la promesa de cumplirla a mi amiga Amparo, “enamorada de Pereda” que me sonaba a mí como un poco exagerada, como todos los amores que uno no comprende porque desconoce.

Esa lectura era Peñas Arriba. Tenía la idea  de que iba a ser una novela pesada, demasiado descriptiva, regionalista, de un autor local y menor. Nada más lejos de la realidad, esa que describe Pereda, esa que se te estrella en la cara como un tortazo, para que despiertes de prejuicios e imaginerías. Me ha requerido un pequeño esfuerzo, pero ha merecido la pena y volveré a leerla con gusto y  regusto, por lo cual, no puedo dejar de recomendarla y pedir humildemente que se lea más.

Publicada en 1895, enmarcada dentro del realismo literario español. La primera edición se agotó en veintiún días. La historia transcurre en un pueblo de alta montaña de la cordillera cantábrica, Tacablanca, al que su protagonista Marcelo, joven madrileño,  abogado y de situación acomodada viaja con motivo de la enfermedad de su tío Don Celso, para hacerse cargo de la hacienda.

El tema principal es la lucha interior de Marcelo, entre dos mundos; ciudad, campo, tradición y modernidad. El paisaje, las costumbres, las gentes van formando parte de su vida y cambiando de una visión hostil, fría, aburrida de los primeros días a un profundo amor por la naturaleza.

Pereda nos pone en evidencia que es posible y no contradictorio la transformación y modernidad del mundo rural sin perder su esencia. Valores universales e intemporales de una novela de carácter regionalista.

Lenguaje rico, intenso, descriptivo, emotivo. Vocabulario único que en muchas ocasiones reconozco palabras que alguna vez escuché, pero que ya no se utilizan, otras que desconozco, pero que llevan mi imaginación a un mundo que ya no existe, un mundo en que las palabras estaban llenas de vida  y amor a las cosas reales de todos los días, desde el nombre de los utensilios  a las descripciones del tiempo, cantidad de adjetivos para describir la lluvia, los colores, los perfumes, el frío y hasta los sabores de los pucheros…, pinceladas de Solana.

Hace Pereda del lenguaje popular un lenguaje literario intemporal, de los personajes, seres vivos de fuerte realidad y del paisaje una hermosura infinita, que despierta amor y respeto por la naturaleza.

 

“No solamente había cesado de nevar, sino que también se hallaba el viento encalmado; y, por una venturosa casualidad, por un rasgón abierto en la espesura de los negros celajes asomaba la luna llena, derramando su luz pálida sobre el blanco tapiz del valle y los más altos picos del brocal de montes que le apasionan…”.

 

Hay un detalle importante en la vida de Pereda y que se refleja en Peñas Arriba El suicidio en 1893 de su primer hijo, Juan Manuel, le sorprendió cuando estaba redactando el vigésimo primer capítulo. En el manuscrito original hay una cruz que señala el triste momento. Este acontecimiento le afectó muchísimo y en la novela a partir de este capítulo hay un cambio de estilo, los colores se vuelven negros, los paisajes más sombríos, aparece el pesimismo y la resignación. Nada más humano y cercano.

 

Poco puedo añadir, a lo que grandes escritores y estudiosos han dicho sobre Peñas arriba, sin duda la mejor novela de José  María Pereda y una de las grandes novelas del s XIX.

Decía D. Marcelino Menéndez Pelayo que las novelas de su amigo D. José María Pereda no solamente había que leerlas, sino también sentirlas, porque “son algo de tan nuestra tierra y de nuestra vida, como la brisa de nuestras costas y el maíz de nuestras mieses”

Dice Saiz Viadero: “Veo, entiendo y abrazo la obra de Pereda, como una bandera de prestigio y orgullo que podemos levantar los cántabros de hoy. Una obra universal, una obra al mismo tiempo de profundo contenido localista.

Anthony H. Clarke: “A Pereda hay que verle y sentirle con relación a Dickens, Balzac y Hardy –no a su altura sino compartiendo buena parte de su mundo, sus preocupaciones y sus finalidades novelescas- a la vez que junto a sus contemporáneos españoles”

Pardo Bazán: “El talento de Pereda es un huerto fértil, bien regado, bien cultivado, oreado por aromáticas y salubres auras campestres, pero de limitados horizontes”

Rosa Pereda: “Pereda hace en Cantabria lo que muchos escritores europeos, americanos y de otras regiones españolas: volver sus ojos a su tierra  natal y nombrarla. Nombrarla como si nadie lo hubiera hecho antes, nombrarla para descubrir su realidad profunda, o al menos, para dar noticia de lo que la tierra dice. ”Literatura de nombramiento”, dijo Carlos Fuentes.

La lista sería muy larga, poco puedo añadir y de ninguna manera mejor expresado, solo compartir mi sentir al leer Peñas Arriba, un dulce placer, una lectura pausada, emotiva a corazón abierto sin prisa, no hay acción, pero transmite un dulce placer de tranquilidad y calma, respeto por los antepasados, amor por la tierra, amor al calor de la lumbre, al agua en el canalón y al verde de Cantabria.

Un gran libro lleva a otro y estos días cayó en mis manos “Paisajes del Alma” (1918-1922) de Miguel de Unamuno. Un placer también perderse en esos hermosos paisajes y cómo no en el capítulo  Recordando a Pereda, perderse por Tudanca, (Tablanca en Peñas Arriba) y recorrer el prado del Concejo y pasear por Polaciones.

“Ayer, en el vecino valle de Polaciones, contemplaba unas montañas maternales y lozana, matronales diríamos, vestidas de haedo y de robledo hasta la cumbre y destacándose sobre el fondo de Peña Labra, que era la puerta del bajo cielo. Moría la tarde sobre la serenidad reposada del valle…”

Tudanca, 27-VIII-23   “Paisajes del alma” Miguel de Unamuno.

 

Gema Gutiérrez Peña

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LA TEMPESTAD, Juan Manuel de Prada y MUERTE EN VENECIA, Thomas Manns

Reseña conjunta: La tempestad (Juan Manuel de Prada, 1997) y
Muerte en Venecia (Thomas Mann, 1912)
El Nuevo Tahúr (2021)
[Chiara a Alejandro:] Algún día dejaremos de ser una ciudad para ser un gran cementerio submarino, con
palacios como mausoleos y grandes plazas para que paseen los muertos, pero nuestro deber es
permanecer aquí hasta que sobrevenga el cataclismo.
[Reflexiones de Alejandro Ballesteros:] Algo parecido me había sucedido a mí: había seguido
escrupulosamente los métodos de la investigación académica para dilucidar el asunto de “La tempestad”,
me había esforzado por hacer coincidir sus contornos, empleando cinco años en la composición de una
urdimbre irreprochable según los principios de la lógica, pero dos días en Venecia me habían enseñado
que la inteligencia no sirve para el arte, porque el arte es una religión del sentimiento. Dos días en Venecia
habían refutado cinco años de trabajo, habían pisoteado mis convicciones teóricas y me habían arrojado
a un páramo de desorientación. “La tempestad, ese cuadro que yo había diseccionado y recompuesto con
paciencia numismática, no era sólo un objeto de disfrute estético, o la palestra donde los especialistas
dirimían sus desavenencias: también era el objeto de la devoción o el trastorno de quienes se creían sus
propietarios morales o, por el contrario, se sentían expropiados de él, y eso los sublevaba; también era el
campo de batalla donde esos hombres y mujeres dirimían sus conflictos, el escenario donde se explicaban
sus quimeras y anhelos y frustraciones.
Venecia me había enseñado que las infamias se reproducen como el cáncer (basta la sugerencia de una
frase y el abono de una saliva que lubrique o halague nuestros oídos); también me había enseñado que la
verdad es siempre parcial y refutable, puesto que depende de la perspectiva de quien la formula, una
verdad particular puede falsear los hechos o no entenderlos o desvirtuarlos en su beneficio.
Juan Manuel de Prada, La tempestad (1997)
Saludó al mar con los ojos, y su corazón se llenó de alegría al contemplarse tan cerca de Venecia.
[Reflexión de Gustav von Aschenbach:] Los sentimientos y observaciones del hombre solitario son al
mismo tiempo más confusos y más intensos que los de la gente sociable; sus pensamientos son más graves,
más extraños y siempre tienen un matiz de tristeza. Imágenes y sensaciones que se esfumarían fácilmente
con una mirada, con una risa, un cambio de opiniones, se aferran fuertemente en el ánimo del solitario, se
ahondan en el silencio y se convierten en acontecimientos, aventuras sentimientos importantes. La
soledad engendra lo original, lo atrevido, y lo extraordinariamente bello: la poesía. Pero engendra también
lo desagradable, lo inoportuno, lo absurdo e inadecuado.
LAThomas Mann, Muerte en Venecia (1912)
Thomas Mann y Juan Manuel de Prada, separados por un lapso de 85 años, quedaron
prendados de la poliédrica y mayestática belleza de la Ciudad Flotante. Unidos entre sí por una
inconsciente “afinidad espiritual”, ambos autores escogieron Venecia como el escenario de dos
de sus mejores novelas (aquellas que los catapultaron a la fama y les proporcionaron el debido
reconocimiento por parte de sus contemporáneos): Muerte en Venecia (1912) y La Tempestad
(1997), respectivamente. De hecho, esta singular y, hasta cierto punto, sorprendente
coincidencia entre las dos obras es lo que nos ha empujado a realizar un análisis comparado de
sus personajes y tramas.
Si tuviésemos que comenzar a exponer todas y cada una de las semejanzas entre ambos
relatos, indudablemente, comenzaríamos resaltando la “conexión” entre sus dos protagonistas:
el veterano escritor Gustav von Aschenbach y el joven investigador Alejandro Ballesteros.
Después de haber desembarcado, en el caso del primero, o aterrizado, en la Ciudad de los
Canales, en el del segundo, ambos buscaban relanzar o darles un impulso definitivo a sus
respectivas carreras profesionales (una estancada después de conocer el éxito y la otra en pleno
apogeo).
Antes de su llegada, tanto el teutón como el español, activos cultivadores de diferentes
campos del Saber (la Literatura y la Ciencia Histórica), “adolecían”, si queremos verlo así, de un
cierto “rigorismo” (moral e intelectual), el cual venía dado por su visión excesivamente
conceptual e “idealista” (en el sentido más literal del término) de la realidad circundante y, por
supuesto, de la persona humana. Empero, la cautivadora y aprisionante atmósfera veneciana
(caricaturizada por Mann y “celebrada” por De Prada) dio al traste con su “estrechez de miras”
y, progresivamente, les hizo ser más conscientes de quiénes habían sido y eran ellos mismos.
Paralelamente, a este descenso al interior de sus conciencias, se unió el inesperado encuentro
con el amor.
En nuestra modesta opinión, los antagonistas y, en consecuencia, el necesario
contrapunto a los, en principio, soberbios y embebidos “héroes”, son sus objetos” (¿o
“sujetos”?) de deseo: el bello efebo Tadzio y la críptica Chiara. En ellos, nuestros protagonistas
vierten todos sus anhelos, deseos, y frustraciones, transformándolos en obras de arte vivientes
(a partir de sus propios patrones y cánones), al tiempo que los convierten en dueños de sus
propios destinos. De esta guisa, el imberbe muchacho polaco devendría en una suerte de
Antínoo, mientras que la hija de Gilberto Gobetti ocuparía el lugar de la mujer que, en La
tempestad de Giorgione (1508), amamantaba a su pequeño en medio de la tormenta que se
había desatado.
Por último, el paso por Venecia, como ya nos hemos aventurado a decir, deja una huella
indeleble en el alma de los personajes principales, cuyos finales, ahora sí, difieren
enormemente. Mientras que von Aschenbach muere en soledad y agonía, presa del cólera y
habiéndose negado a abandonar la metrópoli adriática, Ballesteros regresa a la “rutina”
universitaria, retomando sus antiguos quehaceres y huyendo hacia adelante

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El nombre del viento

Fantasia. Amor. Magia. Historia. El nombre del viento de Patrick Rothfus es una fantasía medieval oscura que me atrapó desde la primera página.

Título: El nombre del viento

Autor: Patrick Rothfuss

Editorial: Debolsillo, 2011

Páginas: 871

La tensión aumenta poco a poco y sin soltar al lector en las dos tramas que se suceden en la novela. Por un lado un escriba que se ve atrapado en una posada junto al que sospecha que es el asesino de reyes. Por otro lado el posadero cuenta la historia de su vida y todos los eventos que le suceden son desgarradores y asombrosos por igual. Esta novela es el primero de los tres días, que el escriba pasa en la posada y el autor es tan bueno que tiene a todos esperando durante años para la próxima entrega.

 

Como autor de la novela “Lavanda”,  una comedia absurda para adultos de septuagenarios que deciden hacer lo que quieran sin importarles las consecuencias. Recomiendo “El nombre del viento” como una lectura obligatoria para cualquier amante de la literatura.

Autor: Alejandro Alcalde Jiménez

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50 Lugares Mágicos de Cantabria. La Campana Milagrosa de San Miguel en La Revilla

Me dispongo a escribir mi primera recomendación en esta página de Café con Palabras. Página totalmente recomendable, por otro lado, para los que padecemos ese bendito mal del amor por los libros y todo lo que rodea a estas “cajas de papel mágicas”. En esta ocasión os voy a presentar uno de mis trabajos, “50 Lugares Mágicos de Cantabria”, aportando un pequeño resumen de uno de sus capítulos, así como una breve descripción de los derroteros que conllevó su escritura. Espero que os guste…

Título: 50 Lugares Mágicos de Cantabria

Autor: Fran Renedo Carrandi

Editorial: Cydonia (Santiago de Compostela)

Año de publicación: 2015

Páginas: 240

ISBN: 978-84-943810-4-1

Desde las escarpadas cumbres al sinuoso litoral, y desde el oriente al occidente, este libro guía al lector por una tierra que le dio nombre a un mar. Atravesando senderos y barrancos, descubriendo montes sagrados y visitando ermitas perdidas y enclaves urbanos, el autor realiza un viaje por los mitos, leyendas y tradiciones cántabras. Entre sus páginas, y en los distintos lugares propuestos, el lector conocerá tradiciones seculares, mitos paganos y creencias piadosas que forman parte de la cultura de Cantabria.

Este singular recorrido puede realizarse cómodamente sentado e inmerso en la lectura, o bien recorriendo cada uno de los lugares indicados. Por este motivo, para cada enclave se incluyen precisas indicaciones sobre cómo llegar y las coordenadas GPS para aprovechar las nuevas tecnologías. Buen viaje.

 

Extracto del capítulo dedicado a la leyenda de la ermita de San Miguel, en La Penilla de Cayón:

Por todo el país existen historias y leyendas relacionadas con las campanas a las que se les atribuyen propiedades sobrenaturales y misteriosas. Una de las más singulares y poco conocidas tuvo lugar en la recóndita ermita de San Miguel de Monte Carceña, en el pueblo de La Penilla de Cayón. Campanas que en muchos lugares eran herramientas supersticiosas necesarias para calmar tempestades y proteger así la cosecha, ahuyentar a las brujas de un territorio determinado o simplemente, con su sonido, utilizarlas como talismán para rechazar los malos espíritus. Ciertamente este vetusto objeto ha sido durante siglos medio de comunicación ancestral entre vecinos de comarcas enteras. En Cantabria tiene relevancia notable la fabricación campanera, por sus magníficos artesanos localizados en Meruelo, Trasmiera, con un museo magnífico dispuesto a tal industria en el que se pueden contemplar curiosidades de este oficio que bien se podría denominar como arte.

Pero situándonos de nuevo en la plaza que nos ocupa este capítulo, La Penilla de Cayón, en su ermita de San Miguel, la tradición recoge que justo cuando se acabó de construir este pequeño templo, se fabricaron para ella dos campanas de pequeño tamaño, echándose al caldo o colada de la fundición unas monedas de plata, como era menester y costumbre, resultando en esta ocasión tan bien prevista la proporción de metales, que se obtuvo un sonido campanil de excelentes características, muy vivo y perceptible a muchas leguas a la redonda. Algunos aseguran que su eco se escuchaba hasta en las mismísimas calles  de la capital santanderina. Tal era el bonito y potente sonido, que un mercader que vivía en dicha capital y era experto en metales preciosos, se quedó maravillado al escuchar el sonido de aquella campana lejana.

Fue tanta la admiración que el comerciante sintió, que pronto deseo tener en su poder aquel excelente objeto, por lo que contrató a dos rufianes para que, ocultándose en la penumbra de la noche, robaran las campanas. Y así se llevó a cabo: en la oscuridad, los dos ladrones, con gran trabajo consiguieron desmontar los ingenios que ataban el preciado botín al campanario. Pero cuando llegaron al yugo que sujetaba la primera campana, ésta, de manera prodigiosa y sobrenatural, comenzó a agrandarse, siendo imposible poder sacarla por el arco del campanario. Exhaustos por el trabajo, decidieron abandonarla e intentar robar la otra, pero de nuevo se encontraron con tal milagro, sin poder hacerse con ninguna de las dos piezas por las propiedades misteriosas que adoptaban cuando se las quería sacar del campanario.

Y con esa faena agotadora transcurrió la noche, cuando los malhechores fueron sorprendidos por el alba, cansados y muy enfadados por su empeño en balde. Locos de ira, decidieron hacerlas una hendidura a ambas campanas, para que al menos perdieran sus propiedades sonoras tan extraordinarias, esta sería su particular venganza, impotentes al no poder llevárselas.

Y los que tienen por buena esta historia, los más viejos del lugar, advertirán al viajero que antes de que las campanas fueran destruidas en la Guerra Civil para utilizar su metal como metralla, allá por el año 1936, las hendiduras a que se refiere la leyenda realizadas por los malvados ladrones aún eran visibles.

Autor: Fran Renedo Carrandi

 

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Tatuaje

[vc_row][vc_column][vc_column_text]A veces uno se enamora de los libros por la portada, más, cuando son libros de segunda mano y “raros”. Me pasó con éste. Todo han sido sorpresas.
La fotografía de la portada es original, rara y maravillosa; un collage en blanco y negro hecho con billetes de tren. El resto de los relatos también vienen precedidos de una foto, diferentes y muy bien escogidas, yo lo pondría de título “Los trenes y la vida”
En la presentación leo: “En esta XIV edición del Premio de Narraciones Breves Antonio Machado 3.196 cuentos…” (¡Se los han leído todos, no puede ser!)
Luego leo el jurado, todos no los conozco, pero, D. Alfredo Bryce Echenique, D. Camilo José Cela, D. Jesús Torbado…
Después empiezo a preguntarme, por qué no he leído nada de Francisco Umbral, será por su melena, por esa voz ronca, esa fama de borde y ese “Yo he venido hablar de mi libro”, demasiados prejuicios.
Total, si son solo tres páginas…
Tres páginas maravillosas, pura poesía. Me recuerdan a Juan Ramón Jiménez. Comienza con” Él vino en un barco de nombre extranjero” y el corazón se pone en modo bolero.
A ritmo del traca tra del tren, de tarde de verano, de estaciones y merienda vamos acompañando a este niño, mirando por la ventanilla el paisaje y viendo lo que pasa en el vagón , las descripciones son precisas, imaginativas, con encanto, ternura.
Francisco Umbral consigue que el tono de la escritura se acompase con la respiración y los latidos del corazón y cuando llegas al final se te queda esa sonrisa de qué bonito, ¡por Dios!
¡Y qué bien escrito!

Después de leído, un libro lleva a otro, quiero volver a leer a Juan Ramón Jiménez. Más libros de mi ya, querido Francisco Umbral y el resto de cuentos de este libro tan especial.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_section css=”.vc_custom_1582403038464{padding-top: 40px !important;}”][vc_row][vc_column width=”1/2″][ut_animated_image size=”full” align=”center” image=”5209″][/vc_column][vc_column width=”1/2″][vc_column_text css=”.vc_custom_1584619213363{padding-top: 20px !important;padding-left: 40px !important;}”]Título: Tatuaje Y Nueve Relatos Finalistas
Autor: Francisco Umbral
Editorial: Fundación de los Ferrocarriles Españoles. Foto de cubierta de César.
Año: 1991.
Lugar: Ainielle, Sobrepuerto, Huesca.
Tema: El viaje en tren de un niño, que acompañado de su tía Maru va a visitar a su madre enferma de tuberculosis en casa de la abuela Leonisa. No hay una fecha, pero el ambiente es el de la posguerra.
En primera persona habla el niño interior de un adulto, que recuerda con detalle y sentimiento ese viaje que termina con un beso de despedida y el nombre de “mama” tatuado en su pecho y grabado en su memoria.
En ningún momento se nos dicen sus nombres, no importa, hijo y madre. Una amarga y dulce despedida.

Autor: Gema Gutiérrez[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][/vc_section]